sábado, 12 de septiembre de 2009

El único ser viviente

Ayer por la noche fue enviado en una misión importante, "cuidar" a mi hermana. Así que allí estaba, solo y aburrido en un bar para niños (lo dice quien hace un año estaba bailando el tubo sin pantalones en el mismo lugar; pero esa es una anecdota que contaré luego). Tenía un buen trago de ron en las manos, dulce gracias a la mermelada de fresa que le pusieron, los codos estaban apoyados sobre la barra y tenia las piernas cruzadas. De repente un dedo apretando mi espalda me obliga a voltear, no puedo evitar una sonrisa, levanto las cejas sorprendido y extiendo mi mano dejando el trago en la barra.

Álvaro: Lo conozco desde hace un buen par de años, cuando era pequeño y todos los amigos de mi hermana invadían mi casa, él solía darse una vuelta por mi cuarto y charlar con migo un rato. Han pasado ya unos 3 años desde la última vez que lo vi.

Nos reímos un rato de ver lo mucho o poco que hemos crecido, el tampoco es muy alto.
-Te acordás como era de pasmadito -Me dijo él.
-Sí, sí me acuedo -respondí yo con una sonria muy irónica.

Luego se fue de la mano de su nueva novia (¡Oh, la pubertad!). Un rato más tarde lo volví a ver, esta vez de lejos. Hay algo en él que me recuerda a mi mismo, quizá sea esa mirada perdida en busca de algo que definitivamente no se encuentra en su posición actual. Todos al rededor están tan muertos, tan artificales.

Recordé mis propios días en el bar, pretendiendo ser el rey, usando el cerebro por los demás, cuando en realidad sólo estaba desesperado por un lugar entre ellos... Jamás lo conseguí.

Nada interesante además de eso, el mismo ruido que invade mis oidos sin pedir permiso, el mismo olor a cigarro quedandose pegado en mi camisa, la misma sensación de no pertenecer. La vida se ha vuelto extraña de repente, me sineto como un completo extraño en medio de mis mejores amigos, si es que los puedo llamar así... Vi en los ojos de Alvaro la misma desesperación. La mirada del único ser viviente.

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