sábado, 27 de marzo de 2010

Cuando el pensamiento se encuentra al instinto.

Y entonces, el silencio. El silencio aparece como una parodia de mis filosofias. Es fácil seguirlas cuando las situaciones se prestan. Por ejemplo, llevo un par de meses repitiendole a todo mundo mi discurso sobre la felicidad: Para ser feliz lo único que se necesita es ser feliz. Asi digo yo, así repito yo, asi lo repite el silencio.

Ahora estoy en silencio, ahora no soy feliz y me pregunto que necesito para ser feliz y el silencio responde, repite, se burla.

Y entonces el que se rie soy yo, por que el silencio soy yo, por que este silencio es un accidente, un mal chiste que yo mismo invente... Dejo de reir... No soy feliz.

Es estupido, repito... Es estupido.

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